Desde una muy exitosa empresa se está bajando una línea discursiva que se denominó “La Cultura del Esfuerzo”
Básicamente dice que ha llegado la hora de arremangarse y esforzarse por sacar adelante al país. España es un país, según los propiciadores de esta novedosa idea, de vagos mal acostumbrados a recibir del Estado todo sin dar nada a cambio y eso es preciso modificarlo. Hay que modificar las bases de nuestro Estado para que cambien las de nuestra sociedad y pasemos de ser un país de aspirantes a funcionarios, a un país de esforzados trabajadores.
Es un discurso muy lindo, y hasta me hace pensar en los carteles típicos de la cultura comunista, con obreros convencidos de su misión, dándolo todo por el futuro de la humanidad.
Pero claro, ¿es este discurso coherente? ¿Son vagos los españoles? ¿Les falta esforzarse?
La “Cultura del Esfuerzo” es compatible (o cómplice, si se quiere) con el discurso con el que nos aturden desde el Gobierno y los multimedios: el discurso del recorte, el de la reducción de gastos, el de que no se puede gastar más de lo que hay. La "Cultura del Esfuerzo", al culpar al Estado de una supuesta conducta generalizada en la población, se suma como argumento a los que ya se esgrimen para justificar el fin de la Salud Pública, el fin de la Educación Pública y el fin de todo tipo de ayudas que el Estado Español otorgó durante décadas. Según ese discurso, son esas las causas de tanta falta de esfuerzo, así que quitando las causas, se fomenta el esfuerzo…
Pero pensemos en los españoles. Mientras se los acusa de vagos son de los que menos cobran en la Unión Europea, son los que soportan más horas en el trabajo, son los que reciben los peores servicios, son los que pagan las tarifas más altas, desde móviles e internet a electricidad y otros servicios esenciales. Y ahora también son los que deben soportar el mayor nivel de desempleo de toda la Unión Europea, en valores peores que los de los Estados Unidos durante la Gran Depresión.
Estos son los vagos españoles que no se esfuerzan. Que no están dejando sus vidas en trabajos interminables y mal remunerados para poder al menos pagar la hipoteca a tiempo, antes de que las usureras penalizaciones por retraso les quiten los euros destinados a vivir. Estos son los vagos que ahora no podrán enfermarse porque no tendrán quien les atienda sin cobrarles lo que no tienen, que no podrán aspirar a que sus hijos tengan una vida mejor, porque no habrá infraestructura suficiente para darles una educación mínimamente comparable a la que recibirán los esforzados hijos de aquellos que sí tienen para pagar por educación. Estos son los vagos que si tienen la desgracia de quedar en el paro, no solo perderán su trabajo, sino que al perder también su vivienda quedarán aún así endeudados de por vida con los esforzados y responsables bancos…
No, no puedo compartir el discurso de la "Cultura del Esfuerzo" cuando yo mismo me levanto cada mañana de cada día para ir a un trabajo donde ya no me pueden pagar el salario.
Y como no puedo compartirlo, propongo entonces que cambiemos el discurso, que no dejemos que nos llamen vagos y que en lugar de eso comencemos nosotros a llamar inútiles a los responsables.
Yo propongo la “Cultura de la Eficiencia”
Propongo que se optimice, que gestionar no sea sinónimo de recortar. Que mayor producción no sea solo más horas de trabajo. Que crear más puestos de trabajo no sea abaratar el despido, precarizar los contratos y aumentar el “ejército industrial de reserva” (término marxista para denominar a la masa de desempleados que cumplen una misión sin igual: abaratar los sueldos. A mayor desempleo, mayor reducción de los jornales).
La "Cultura de la Eficiencia" llama a hacer más con menos. Los de a pie ya lo sabemos hacer, ¿lo saben hacer los responsables del país y de nuestros destinos? Eficiencia es dar servicios más económicos y fiables, es utilizar las capacidades del Estado para activar y agilizar la economía, en lugar de usarlas para detener la actividad económica recortando. Es investigar, es desarrollar, es descubrir puntos fuertes y débiles para potenciar los unos y mejorar los otros. Eficiencia es tener un objetivo claro y utilizar racionalmente los recursos disponibles para conseguir ese objetivo.
Si conseguimos instaurar la "Cultura de la Eficiencia", la del esfuerzo será redundante. Para ser eficiente hay que esforzarse, pero se puede ser esforzado y ser ineficiente. Nos piden esfuerzo a los que llevamos mucho tiempo esforzándonos, pero si nuestro esfuerzo no se acompaña con eficiencia, no solo será un esfuerzo inútil, sino que además generará una “Cultura del Resentimiento”, y entonces ya será tarde para apaciguarnos con discursitos.
El NegroFiero
